Episodio 37 – Las Horcas Caudinas

— El cuerpo de Aeliana fue puesto al lado izquierdo del cuerpo de su esposo, Lucio.

Todo iba bien para Roma, hasta que 50 mil legionarios se metieron en un llano entre dos desfiladeros. La vergonzosa derrota de las Horcas Caudinas.

Transcripción Parcial del Episodio

Durante el último episodio vimos el final de muchas cosas.

El final de Publio Decio Mus, por el sacrificio que decidió hacer en el campo de batalla.

El final de Tito Manlio Torcuato, en los libros de Tito Livio, por el desprecio que los romanos le dieron después de sacrificar a su propio hijo.

El final de la guerra contra los Latinos.

El final de los pueblos tales como los Sidicinos, los Auruncios, los Volscos, y los Campanios como pueblos libres del yugo de Roma.

El final de la Liga Latina, y tambien el final del respetado senador latino Annio quien se desplomó por las escalinatas del Senado Romano.

Y hasta vimos el final de la resistencia Ateniense en contra del rey Filipo II de Macedonia, quien acababa de casarse con una muchacha llamada Cleopatra Eurídice de Macedonia — la sexta o séptima de sus esposas, quien sabe.

Y finalmente tenemos otra pérdida más — esta vez en Ostia.

En un evento que ocurría demasiado a menudo en Roma, y en ciudades creadas por los romanos, el edificio donde nuestro fiel esclavo vivía, estalló en llamas, una noche.

[…]

Bueno, cuando los romanos entraron al valle donde luego tendrían que pasar en fila angosta antes de volver a salir a campo abierto, los Cónsules enviaron a espías para que vayan a ver si algo olía mal, como se dice en el campo. Pero nada olía mal, y el reporte era que el estrecho estaba completamente vacío.

Pero cuando los tropas romanas empezaron a marchar por el desfiladero, los triarios, es decir, los soldados más veteranos, empezaron a sentir que algo sí olía mal. Era demasiada calma, y eso no les gustaba ni medio a los soldados.

Dicho y hecho, cuando el último regimiento de los romanos pasó por el estrecho, y cuando llegaron a la segunda parte del desfiladero, lo encontraron bloqueado con rocas y troncos.

Dándose cuenta de la trampa, Postumio rápidamente dió la orden de dar la vuelta y salir del desfiladero por el primer paso, pero cuando llegaron a ese primer paso, vieron que tropas Samnitas estaban allí, esperándolos.

[…]

Episodio 36 – Bajo la Sombra del Vesubio

— Por haber pensado que el enemigo envió a sus triarios muy temprano, los latinos terminaron enviando a los suyos muy temprano.

Los romanos contra los latinos. Una batalla que se llevó a cabo en las colinas del volcán Vesubio, en Campania. Una batalla que se llevó a nuestro conocido Decio Mus – si, ese que se había ganado la corona gramínea años atrás.

Transcripción Parcial del Episodio

Hola, les habla Abel, desde Pekín, China. Bienvenidos a mi podcast.

El Cuento de Roma, Episodio 36 — Bajo la Sombra del Vesubio.

— “¡Serpiente!”

— “¡Tú eres la serpiente!”

— “¡Cobarde!”

— “Te enseñaré quién es el cobarde aquí!”

— “A que no te animas!”

Cuando Decio quiso dar un paso hacia adelante, corazón latiendo como un tambor, chocó contra el piso de tierra seca bajo su cama. Dolorido y gritando un insulto, el Cónsul despertó de su sueño.

En ese sueño, el volcán mismo le hablaba a Decio, expulsando miles de serpientes de fuego, y amenazando al ejército romano.

— “Uno de los dos morirá antes de la puesta del sol,” eran las palabras del volcán que aun bailaban en la cabeza de Decio, cuando éste le contó el sueño a Manlio Torcuato.

Normalmente, Torcuato siempre prestaba profunda atención a los sueños de su co-comandante, porque eso era algo que los romanos tomaban muy en serio.

Pero esta vez, Torcuato, no respondía.

Boquiabierto, y mirando a Decio en terror, a Torcuato no le salían palabras.

— “Qué te pasa,” preguntó Decio. “Un volcán escupiendo serpientes no es algo demasiado fuera do lo común, en un sueño…”

— “Decio. Yo también soñé que el volcán me llamó cobarde!”

— “¿Cómo?”

— “Te pregunto. El volcán te dijo que uno de los dos… uno de nosotros…”

— “Por Jupiter, y por Marte, y todos los dioses del inframundo” exclamó Decio, arrojando su copa al piso. Ya no tenía apetito.

Resulta que ambos — Manlio Torcuato y Decio Mus, tuvieron el mismo sueño, esa noche.

[…]

Apenas las trompetas sonaron, y como era costumbre en la legión romana, los adivinos arrojaron comida a las gallinas sagradas, y éstas confirmaron lo que todo el mundo temía. Un flanco romano entero, y uno de los Cónsules de Roma terminarán luchando en el inframundo.

[…]