Episodio 19 – La Batalla del Monte Álgido

— Palabra de la honestidad de Cincinato cundió por las calles de Roma como fuego de reguero.

Esta vez no peleamos en contra de latinos. Esta vez, los peligrosos Ecuos le dan lucha a Roma.

Transcripción Parcial del Episodio

Hola, les habla Abel desde Dalian, Sur de Manchuria, China. Bienvenidos a mi podcast.

El Cuento de Roma, Episodio 19 — La batalla del Monte Álgido.

Así, es—éste es el primer episodio no enviado al aire desde Pekín, China—desde que empecé a grabar este podcast.

Estoy en una ciudad portuaria y balnearia llamada Dalian, que queda en el sur de lo que comúnmente conocemos como Manchuria, y lo que los chinos describen como su “noreste” o DongBei.

Estoy aquí por una semana de vacaciones, y si bien he escrito el episodio en Pekín, y mucho antes de llegar a Dalian, el episodio va al aire mientras me estoy tomando un respiro del agobiante calor del verano de Pekín.

Como una nota al lado, me estoy dando cuenta que hacer un podcast en episodios semanales tambien cumple la función dual de ser una especie de diario personal, para mí.

A medida que mi hija crezca, y a medida que cosas sucedan en mi vida privada, el podcast continua.

Pero a veces esas cosas van a rebalsar y se van a meter dentro de los episodios, como si fuese agua rebalsando de un vaso demasiado lleno, expandiéndose sobre la mesa.

[…]

Cuando Cincinato pasó revista a su ejército en el campo de Marte, éste no estaba feliz.

La mitad de los soldados no habían traído lo que él les había pedido: comida para cinco días, y doce estacas, en vez de una.

Esas estacas se usarían como pilares para crear un perímetro o para rodear a un enemigo de manera extremadamente rápida.

En Latin, esas estacas eran llamadas vale, o vali en plural.

Vali es con una “v” de Valladolid o Venezuela, no con una “b” de Barcelona o Bolivia.

Bien.

Pedir doce estacas era algo muy inusual, pero igual… en menos de una hora Cincinato salió hacia Tusculum, donde los Ecuos estaban acampados. Con él iba un comandante llamado Lucio Minucio Esquilino, cuya tarea era atacar a los Ecuos en el Monte Álgido.

Mientras tanto, el cónsul Fabio Vibulano, quien había reconquistado Tusculum el año anterior para Roma, se dirigiría hacia la parte más gruesa del ejército Ecuo, del otro lado de Tusculum.

Así es, estos Ecuos ya habían atacado el año anterior, y luego de perder en contra de Vibulano, hicieron una tregua.

[…]

Episodio 18 – Las Doce Tablas

— Ningún ciudadano de clase plebeya podía casarse con un ciudadano de clase patricia.

Finalmente, las leyes se pueden leer, tocar y aprender de memoria. Y esto es exactamente lo que tanto analfabetos como abogados hacen en Roma. Se aprenden las doce tablas de leyes romanas.

Transcripción parcial del episodio

Hola, les habla Abel desde Pekín, China. Bienvenidos a mi podcast.

El Cuento de Roma, Episodio 18 — Las Doce Tablas.

La semana pasada vimos como la instalación de un nuevo cargo en la republica de Roma: el Tribuno plebeyo.

Tambien les recordé de un general romano, en mi opinión personal, un general cobarde, llamado Cayo Marcio Coriolano, y vamos a ver los que ese hombre hizo en el año 491 AC.

Pero primero vamos a ver el panorama general de Roma, ahora que Roma venció a los latinos, y ahora que supuestamente Roma no tenía que tener problemas, ya no más.

Bueno, si piensan así, se equivocan. ¡Los problemas de Roma están por empezar!

Como un cuadro muy general, Roma ahora estaba rodeada de tres enemigos.

Los etruscos al norte, con la ciudad de Veyes como su protagonista principal.

Los terribles volscos al sur, y los ecuos al este, donde empiezan las colinas.

La mayor diferencia entre los etruscos y los otros dos enemigos era que los etruscos formaban parte de una civilización propiamente dicha, tal como Roma.

En otras palabras, Roma sabía cómo pelearlos, y sabía cómo hacer la paz después de una guerra, y tambien cómo mantener relaciones comerciales con ellos.

Pero los volscos, y los ecuos, esas eran tribus, que no se adherían a los métodos de Roma.

No peleaban en falanges, no se atenían a contratos escritos, y solo reconocían una fuerza. La fuerza de la espada.

Pronto veremos cómo éstos volscos se convertirán en el peligro más grande de Roma por un largo rato, hasta que los Samnitas (la gente que vivía en la parte más alta de los Apeninos), hagan su aparición dentro de unos cien años.

[…]