Episodio 75 – La Batalla de Drépano

— Cuando un estado se siente amenazado por un mayor poder — ese estado no dudará en sacrificar ganancia económica, a corto plazo — para obtener seguridad militar, a largo plazo.

El sitio de Lilibeo, fallado. El desastre frente a Drépano. Y el regreso de Marco Atilio Régulo a Roma. Y por supuesto — las gallinas sagradas de Roma.

Transcripción Parcial del Episodio


Hola, les habla Abel, desde Pekín, China. Bienvenidos a mi podcast.

El Cuento de Roma, Episodio 75 – La Batalla de Drépano.

Según el erudito llamado Elliot Schroeder, de la Universidad de California, en San Diego, la Primera Guerra Púnica era un caso insólito, de un choque entre ambiciones económicas y militares, entre dos potencias de casi igual fuerza.

Schroeder ha escrito la siguiente oración, en su documento científico, publicado en el año 1995.

Cuando un estado se siente amenazado por un mayor poder — ese estado no dudará en sacrificar ganancia económica, a corto plazo — para obtener seguridad militar, a largo plazo.

Eso, en mi opinión, fue el mayor factor, y la mejor explicación, de por qué los romanos seguían construyendo flotas, reclutando soldados, y entrenando remadores de barcos de guerra. Bueno.

Según el plan que habíamos trazado en el comienzo de esta guerra, hoy vamos a ver los dos encuentros que los romanos tuvieron en las ciudades de Lilibeo y Drépano, y el envío de Marco Atilio Régulo a Roma.

O sea, que son tres temas grandes — en general — más — el tema de las gallinas sagradas, por razones que ya verán.

[…]

Después de ese mal paso, Himilco decidió prestarle atención al mar.

Con sus barcos, salió del puerto de Lilibeo, de noche — y logró reunirse con el almirante que estaba a cargo de la flota que protegía Drépano.

Estoy hablando del hombre llamado Adhubal — y de él habíamos hablado en nuestro Episodio 73 — Sicilia, Córcega, y Cerdeña. Ese era el hombre, que había declarado que Palermo ya no sería una meta estratégica, para el imperio cartaginense.

Drépano — cabe añadir — se encuentra a unos 120 estadios de Lilibeo, y eso equivale a unos 23 kilómetros, hoy en día.

La ubicación del puerto de Drépano, y la forma del mismo, hacía que los cartaginenses siempre cuidaban de no perder esa ciudad.

Bueno — ahora tenemos que Himilco, y una buena porción de sus soldados se habían escapado en una noche sin luna a Drépano, pero esto — lógicamente — hizo que ahora, nadie sabía, cómo le iba a Lilibeo.

Así que — ni dos por tress — los cartaginenses preguntaron si alguien se quería ofrecer, como voluntario para volver a Lilibeo, y ver como estaban las cosas — y luego de eso — volver a salir — y dar un reporte.

Y un hombre llamado Aníbal salió al frente, y se ofreció para la misión.

Este Aníbal — era bien conocido entre sus compañeros, y su apodo era el Rodio. Ahora, si eso significa que vivió en la isla de Rodas, o si proviene de esa isla — ya eso, no lo sé.

Si alguien lo sabe, pues — nos dejan un comentario!

Lo único que sabemos de Aníbal el Rodio, era que provenía de una familia noble, pero si esa familia era de Cartago o de Rodas, no tengo ni la menor idea.

Y cuidado — no hay que confundir a este Aníbal el Rodio, con el Aníbal de la Segunda Guerra Púnica.

Ese, aun no nacerá por tres años mas.

Bueno, Aníbal el Rodio hizo su propuesta, y explicó su plan.

La oferta les encantó a los cartaginenses, pero no creyeron que era posible de hacer lo que este hombre proponía.

Y por qué?

Pues — porque la flota romana yacía en la entrada misma del canal.

Sin embargo, el hombre — equipado de su propia embarcación privada — se puso a la mar. Primero cruzó a una de las islas cerca de la ciudad.

Al día siguiente obtuvo un viento en el cuarto derecho, y alrededor de las diez de la mañana navegó en el puerto en plena vista de los romanos.

Lo miraron con asombro, por la audacia, pero no pudieron ni tocarlo.

Y al día siguiente no perdió ni un minuto, y volvió a hacer lo mismo, en su viaje de regreso.

Régulo Serrano, estaba — que le salía humo por las orejas — así de furioso estaba!

Así es.

El cónsul romano decidió asegurarse que si este hombre volvía a aparecer, lo iban a embestir, y lo iban a arrestar, frente a los ojos de toda la ciudad de Lilibeo.

Y por supuesto — la maniobra de este Aníbal el Rodio, hizo que el Cónsul y todas sus naves, se veían como tortugas paralizadas, frente a la costa de Lilibeo.

Así que esta vez les ordenó a sus barcos, crear como un túnel, por el cual ese hombre, no iba a poder repetir esa hazaña suya.

Y Régulo mismo, se puso en la costa, a observar la maniobra.

Ahora — todo lo que faltaba, era que ese Aníbal, volviera a aparecer.

[…]

Episodio 73 – Sicilia, Córcega, y Cerdeña

— El tema era que nadie se fuese a enterar quién le prestaba dinero al gobierno, cuando el gobierno estaba en apuros de índole militar.

La situación entre Roma y Cartago, después de la captura de Régulo, y antes del sitio de Lilibea.

Transcripción Parcial del Episodio


Hola, les habla Abel, desde Pekín, China. Bienvenidos a mi podcast.

El Cuento de Roma, Episodio 73 – Sicilia, Córcega, y Cerdeña.

Lo que sucedió en Capua la primera noche de las Neptunalias, estremeció a la ciudad entera.

Si bien Capua — como cuidad — no le daba tanta atención al dios Neptuno como por ejemplo — Heraclea, aquí tenemos que mantener en cuenta, que Capua ya era una ciudad grande, y muy cosmopolita.

De hecho — para cuando la Segunda Guerra Púnica comience, Capua será capaz de alistar mas de 30 mil unidades de infantería, y 4 mil unidades de caballería.

Y como para resaltar la importancia de Capua un poco mas, en este momento — recordemos — estamos en el 254 AC — Capua es solo un poco más pequeña que Roma y Siracusa, y un poco mas grande que Cartago.

Así que cuando el relato de un crimen — o cualquier otro chisme — comenzaba a andar por las calles de Capua — bueno — eso significaba, que no eran pocas, las personas que hablaban de ese tema.

Y en este caso tenemos un crimen que lo tenía todo.

Vicio.

Sexo.

Un juramento de venganza.

Un juez corrupto.

Una esclava acusada de algo que ella no cometió.

Guerra y patriotismo.

Religión y sacrificio.

Y para hacerlo más interesante aún, la mitad de Capua odiaba a la víctima de ese crimen, mientras que la otra mitad lo defendía a muerte.

Se trataba de un hombre llamado Tacio. Un viejo de origen Sabino que vivió en Capua desde los tiempos de la Gran Guerra.

Pero jueces, magistrados, y muchas otras personas de alto nivel en la ciudad, tenían muchos intereses en asegurarse que nadie se vaya a olvidar de lo que sucedió, esa noche, la noche del primer día de las Neptunalias.

Fue un crimen tan macabro, tan violento, y sobre todo — tan atrevido — que ciudadanos de Capua hablaron del tema, por un largo, largo tiempo.

La víctima?

Un hombre de alta sociedad, conectado con miembros de la familia de Apio Claudio, pero a su vez, un hombre muy vicioso y perverso.

[…]

UNO — Los Cónsules romanos para ese año eran Cayo Aurelio Cota y Publio Servilio Gémino. Ambos Cónsules volverán a serlo en el futuro año 248 — o sea, dentro de cuatro años mas — y lo volverán a hacer juntos, como colegas.

En esa futura ocasión, se verán sitiando las ciudades de Drépano y Lilibea.

Por su lado, Cartago se veía envuelta en reprimir revueltas populares suyas, después de toda aquella gente que se había ido a vivir dentro de las murallas de la ciudad — se acuerdan?

Al final, los cartaginenses si lograron calmar toda esa situación, y enviaron a Asdrúbal, hijo de Hannón, a que eche a los romanos de Sicilia.

Con elefantes — por supuesto.

DOS — Cuando estos dos Cónsules aparecieron en Sicilia, ellos se dirigieron inmediatamente hacia el oeste, tratando de tomar poblaciones, ya sea por la espada o por medio de tratados comerciales favorables.

Mientras no sabemos mucho de Publio Servilio Gémino, sí sabemos una cosa de Cayo Aurelio Cota.

Ese hombre era super — super — estricto, con sus soldados, subordinados, y hasta con sus propios parientes.

[…]